
Hacía tiempo me habían recomendado que lea a Cristian Alarcón y nunca tenía la posibilidad. Finalmente me prestaron su primer libro, Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, para un trabajo facultativo y lo leí con mucho placer.
Este libro es una muestra de que el buen periodismo no está muerto. Cristian Alarcón hace gala de sus posibilidades descriptivas desenpolvando las tradiciones periodísticas de la “no ficción” de Rodolfo Walsh o Truman Capote y demuestra que aún se pueden contar buenas historias. La obra logra transmitir con mucha fidelidad cómo es la vida dentro de los barrios más marginales del conurbano bonaerense.
Para concluir su libro Alarcón caminó durante cuatro años las villas San Francisco, 25 de Mayo y la Esperanza de San Fernando. Su disparador inicial fue la historia de Víctor “El Frente” Vital, una especie de Robin Hood villero, un héroe imperfecto que fue asesinado por la policía y se transformó en un mito entre los jóvenes.
Con mucho ritmo, el periodista chileno muestra como a partir de la muerte de El Frente y la batalla campal contra la policía que devino del asesinato, los códigos de las villas fueron cambiando, los “transas” (vendedores de droga) ganaron poder y ya nada fue igual.
El autor recorrió los pasillos laberinticos de las villas y dialogó con los familiares, amigos y enemigos de El Frente logrando meterse en las historias de cada uno en particular. El único aspecto negativo es que de tanto ritmo vertiginoso, por momentos cuesta ubicarse cuando vuelve a una historia “antigua” de qué personaje se trata.
Es destacable que el periodista de Página 12 en ningún momento del libro sucumbe ante la tentación de hacer una declaración política directa, sino que se limita a relatar las historias de violencia y traición que tejió, dejando que el lector saque sus propias conclusiones acerca de por qué suceden esas cosas.
Un libro altamente recomendable.

